Por Néstor Echarte


En nuestra tarea diaria en la que analizamos los destinos de nuestros consultantes sellados en sus propias cartas natales, tenemos muy en cuenta, todos los años, que el Sol en su movimiento aparente vuelve a su lugar de origen o partida dando lugar, así, a lo que conocemos y analizamos como retorno o revolución solar. También, una vez cada 28 días, la Luna en su movimiento alrededor de la Tierra, vuelve a su lugar de origen o partida dando lugar a lo que se conoce y analiza como retorno o revolución lunar. Algunos mas osados o propensos a la investigación astrológica también tienen en cuenta en sus análisis los retornos de otros planetas, tales como los de Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno.  Y mucho más osado e incierto en sus resultados, los análisis de los retornos de Urano, Neptuno y Plutón. Utilizo el término “incierto”, basado en la certeza de que es difícil precisar con total exactitud el momento exacto de retorno a una posición zodiacal natal, de un planeta sumamente lento en cuyo cálculo no se diferencian posiciones mayores al minuto de arco. Esto lo pude corroborar cualquier astrólogo que haya intentado el cálculo de estos retornos mediante la utilización de softwares de cálculo de diferente procedencia, y mucho más incierto también, si la experiencia de cálculo la hace basado en la utilización de efemérides astrológicas.

Pero al fin y al cabo, lo importante es que a partir de Alexandre Volguine, y su permanente y reeditada obra “La Técnica de las Revoluciones Solares” la mayoría de los astrólogos nos hemos rendido al todopoderoso Dios de la Revolución Solar Anual, por no contar a la todopoderosa Diosa de la Revolución Lunar Mensual, que más allá de sus aciertos y errores nos pone en contacto, en el caso de la primera, con una discreta regularidad anual con la mayoría de nuestros consultantes deseosos de indagar sobre las variaciones que su destino depara a partir del día de su cumpleaños, o con una más ambiciosa pero poco frecuente regularidad mensual, con aquellos consultantes que deciden visitarnos mes a mes, confiados en que nuestras lecturas de los sucesivos retornos lunares, transformarán sus ansiosas vidas en maravillos faros de referencia que iluminarán desde su fértil experiencia personal, el sendero elegido. Diferenciándose así de aquellos que aún tienen remilgos a la hora de subirse a la ola de vida correcta que nos propone la danza de los planetas, y que no saben apreciar el importante aporte que la ciencia astrológica podría producir sobre sus desorganizadas vidas.

La mecánica de interpretación de los retornos, es para todos la misma. Un planeta, que vuelve en forma recurrente a su lugar natal, indicando al mismo momento el fin de una etapa,y la expectativa de comenzar un ciclo diferente. Acostumbrados entonces, al análisis de Revoluciones Solares y Lunares, se hace sencillo comprender la mecánica de su interpretación y hacerla extensiva al resto de los planetas. Muchas veces obteniendo resultados contundentes y exitosos cuando se trata de extraer conclusiones importantes sobre el destino del planeta o del mundo mediante la aplicación de técnicas de astrología mundana, sociológica o política, y cediendo otras tantas a la tentación y a las presiones de nuestros consultantes empecinados en transformar a Mercurio en el planeta que con cuyo retorno nos habla de los vaivenes de nuestra economía, y a Venus con los vaivenes más seductores y encantadores de nuestros desarreglos amorosos y afectivos. Por supuesto que no le resto valor a estos temas recurrentes en la consulta, pero confío que existen otras técnicas dentro de la astrología que permiten obtener resultados más completos sobre nuestras necesidades básicas y personales, antes que tener que recurrir a técnicas aún no del todo comprobadas pero que en virtud de la facilidad que nos brindan los programas de cálculo que utilizamos se convierten en un procedimiento tentador para el uso cotidiano.

Hay algo, que es intrínseco del retorno, que es que siempre debe ser calculado sobre una carta natal de referencia. Cada retorno planetario, cada retorno solar o lunar necesitan una carta sobre la cual referenciarse. Claro que no ocurre lo mismo con lo que denominamos ciclos planetarios.


Un ciclo planetario no siempre es un retorno

A diferencia de los retornos planetarios, los ciclos planetarios no necesitan, necesariamente, referenciarse sobre una carta natal. Un ciclo planetario consiste en el encuentro recurrente de dos planetas en el cielo en virtud del movimiento de ambos planetas sobre sus órbitas, encuentro calculado de acuerdo a la duración de cada uno de sus ciclos.

Tendremos una mejor comprensión con un ejemplo clásico. Júpiter y Saturno, los cronocatores, aquellos que en su desplazamiento conjunto “marcan o señalan el tiempo” se encuentran en el cielo cada 20 años. Pero este encuentro no está sujeto a la determinación de ninguna carta natal. Ese encuentro se produce zodiacalmente, siempre en grados y signos diferentes. Es decir, se aplica sobre una carta cualquiera, pero no depende de la carta para su cálculo, tal como ocurre con los retornos planetarios. Es el encuentro de dos planetas en el cielo.

Hay una fórmula sencilla que nos permite calcular cada cuánto tiempo dos planetas se encuentran en el cielo en función de sus propias órbitas:

Siendo 

X = Tiempo en que dos planetas se encuentran en el cielo.
P1 = Órbita del Primer Planeta-
P2 = Órbita del Segundo Planeta.

En el ejemplo anterior se calcula el ciclo de los cronocatores, Júpiter-Saturno, donde el resultado final nos dice que se encuentran en el cielo cada 19.86 años. Podemos obtener el ciclo de encuentro de cualquier par de planetas reemplazando sus órbitas en la fórmula.

Una etapa que se cierra representa el nacimiento de un nuevo desafío

Si hay algo que tienen en común, tanto los retornos planetarios como los ciclos entre planetas, es que cada vez que se produce la conjunción o la vuelta al punto de origen, están concluyendo o poniendo fin a una etapa, y preparándose como el punto de partida de otro ciclo que se presenta para aquellos que son “tocados” por su designio, como un nuevo desafío.

Siempre analizamos el ciclo que tenemos “por delante”, pero es necesario comprender que los hechos que determinan nuestras vidas y nuestros sueños no se producen por generación espontánea. Son producto de una trayectoria y un camino, que así como entrelaza el sentido de nuestras existencias anteriores en relación a nuestro presente, para proyectar un nuevo desafío de vida en una existencia posterior, cada ciclo de nuestra vida presente no es un compartimiento estanco. Cada ciclo se entrelaza con el anterior y el siguiente dándole un sentido de continuidad a la vida. Todas las experiencias de un ciclo ya vivido sirven como base y capital del ciclo que comienza, por supuesto analizado y proyectado según el cielo que ese nuevo comienzo nos propone.

Cuando analizamos un retorno planetario, de hecho los más habituales, como los solares y lunares, ponemos el énfasis en la carta que se genera en el momento exacto en que el planeta que retorna pasa por su exacta posición natal. Por eso su dependencia de la carta natal. En cambio, los ciclos planetarios no dependen de una posición natal. Se dan frecuentemente en el cielo, siguiendo un cierto patrón que responde a la duración de cada una de sus órbitas, pero que puede caer indistintamente en cualquier punto de una carta natal. Por supuesto que, tanto retornos como ciclos, se pueden estudiar sobre una carta natal, siguiendo a través de los años sus conjunciones recurrentes. Solo que el ciclo planetario no depende de ella.

Otro elemento común a los retornos y los ciclos es que el recorrido total del ciclo puede ser estudiado y seguido a través de distintas “estaciones o fases” que no son nada más ni nada menos que puntos clave de este recorrido, todas ellas tomadas desde el punto de vista interpretativo de la mecánica Sol-Luna, cuando a lo largo del recorrido que la Luna realiza en relación con el Sol pasa por las cuatro conocidas etapas de Nueva, Creciente, Llena y Menguante; o la más depurada división en ocho estaciones basadas en las cuatro anteriores, y que son: Nueva, Creciente, Primer Cuarto, Gibosa, Llena, Diseminante, Último Cuarto, y Balsámica. Esta lógica tomada del ciclo Lunar es aplicable no solo a la totalidad de los retornos planetarios calculados sobre la base de una carta natal, sino también a la totalidad de los ciclos planetarios partiendo siempre desde la conjunción.

Dinámica Sol-Luna

De todos los retornos, y de todos los ciclos existentes, tal vez, los que más riqueza interpretativa encierran son los generados por las luminarias: El Sol y la Luna.

Existe una invalorable cantidad de técnicas asociadas a nuestros dos astros más representativos dentro de la astrología, muchas de ellas asociadas a los retornos ambas luminarias, y otras tantas asociadas a los ciclos solilunares.

No vamos a desarrollar aquí todos estos métodos, con los que habitualmente el astrólogo profesional desarrolla su actividad, pero si los vamos a enumerar para comprender cuáles de ellos se asocian a los retornos y cuáles a los ciclos.

Técnicas solilunares asociadas a los retornos:

- Revolución Solar

- Revolución Solar Sidérea o Precesional

- Revolución Lunar

- Revolución Lunar Sidérea o Precesional

- Revolución Lunar sobre la Luna de la Revolución Solar

- Ciclo de Retorno Embolísmico (*)

 

Técnicas solilunares asociadas a los ciclos:

  1. - Ciclo de lunaciones y sus fases
  2. - Ciclo de Eclipses Lunares y Solares
  3. - Ciclo de Retorno Embolísmico (*)

Tal como surge del resumen previo, el Ciclo de Retorno Embolísmico (*) es la única técnica basada en la dinámica Sol-Luna que comparte el privilegio de ser un retorno y un ciclo al mismo tiempo.


Ciclo y retorno embolísmico

 

Es como afirmamos en el párrafo anterior. El ciclo y retorno emboísmico no solo es un retorno sino también se constituye en un ciclo. Al estar atado al movimiento de la Luna se constituye en una configuración que se repite cada 29 días.

La lectura de este sistema de pronóstico se constituye desde la propia Carta Natal, en la relación angular que el Sol natal de una persona, tiene con su propia Luna antal. Es decir, cual es el ángulo o cantidad de grados que existe entre ambos. No es necesario que este ángulo constituya un aspecto astrológico exacto, aunque muchas veces es posible que sea así. El ángulo entre el Sol y la Luna, en una carta, es indicativo de lo que se denomina la Edad de la Luna. 

La Edad de la Luna es un valor asociado a su ciclo de 29 días, el que comienza el día de la Luna Nueva, es decir, cuando la Luna y el Sol se encuentran en conjunción. Ese momento, se constituye en punto de partida y día en que la edad de la luna es igual a 1 (uno). Cada día que transcurre en el ciclo de 29 días, suma un día más a la edad. Es decir, que el día del cuarto creciente, la edad de la luna es 7, el día de la luna llena la edad de la luna es 14, el día de el cuarto menguante la edad de la luna es 21,y el último día su edad es 29 o 1, en el caso en que vuelve a coincidir con la luna nueva otra vez para recomenzar ese ciclo.

Por lo cual es fácil establecer cuál es la edad de la luna con la que nacimos en función de los días que desde la luna nueva hayan transcurrido hasta nuestro nacimiento.

Esto significa, que cada 29 días, a lo largo de toda nuestras vidas la luna y el sol, vuelven a repetir el mismo ángulo que tenían al momento en que nacimos. Es decir, todos los meses, cuando la luna llega a la misma edad lunar que tenía la persona al momento de su nacimiento se constituye este ángulo al que llamamos ciclo o retorno embolísmico.

La mayoría de los programas de cálculo astrológico existentes nos dan este ángulo con exactitud, y nos permiten calcular mes a mes, cuando la luna vuelve a reproducir esa misma distancia, es decir, cuando la luna tiene la edad que tuvo en el momento en que la persona nacía. Muchas aplicaciones para móvil, traen este valor como una opción predeterminada, por lo que no es algo difícil de constatar.

Todos los meses, cuando el Sol y la Luna llegan a formar el mismo ángulo de nacimiento, es decir cuando la luna llega a su edad natal podemos levantar la carta de ese exacto momento a la manera de una revolución lunar, con la única diferencia que en este caso no se trata del retorno de la Luna a su lugar de origen, sino que se trata del momento exacto en que el Sol y la Luna reproducen su ángulo natal. Esta carta puede ser entendida e interpretada, también, como un retorno. Pero un retorno embolísmico, Un retorno angular. Y una vez levantada la carta de este retorno, para el lugar en donde la persona se encuentre en ese momento, podrá ser interpretada mediante las mismas reglas con las que se interpreta una revolución planetaria corriente. Claro que con un plus adicional. Esta carta encierra en su concepción la semilla del Sol y de la Luna en forma conjunta. es decir que se trata de una revolución que toma a las luminarias de una manera integral. A diferencia de la Solar que sólo toma al Sol, o de la Lunar, que solo toma a la Luna, la embolismica es al mismo tiempo Solilunar.



La tradición astrológica asocia a las revoluciones embolísmicas a todos aquellos procesos y funciones femeninas relacionados con el embarazo y la gestación. En teoría, y según técnicas desarrolladas tanto por Claudio Ptolomeo, como también por Grimm Reichelt Jonas, es en el momento en que se produce la Revolución Emboísmica cuando la mujer llega al máximo de su período de fertilidad. Con un agregado adicional: el niño que sea engendrado en ese momento, será varón en el caso de que la Luna se encuentre en un signo masculino, y será mujer en caso de que la Luna se encuentre en un signo femenino.