Por Néstor Echarte

Quienes definen por qué carril debe transitar la historia oficial tienen la odiosa costumbre de dejar de lado toda referencia explícita o implícita  sobre temas astrológicos sobre los que importantes personajes del pasado dedicaron mucho tiempo de investigación. 

Si Galileo Galilei dedicaba parte de sus horas al estudio de la astrología, esta faceta de su vida no resultaba interesante para sus biógrafos, pese a que en su libro “El Mensajero de las estrellas” Galileo deja muy clara su devoción por esta temática, al punto de dedicar los cuatro satélites de Júpiter, bautizados como Mediceos y, conocidos en la actualidad como Io , Europa, Calisto y Ganímedes, a la casa de los Médici , y el libro a Cosme II (quien había sido discípulo de él). Esto lo expone en un extenso horóscopo en el que vaticina grandes logros en virtud de haber descubierto cuatro de los satélites más visibles del planeta Júpiter con su promocionado telescopio:

“...cosas mucho más felices y ciertas podemos predecir a vuestra alteza, pues apenas comenzaron a lucir en la Tierra las virtudes inmortales de vuestra alma, se manifestaron en los cielos brillantes estrellas que, como si fueran lenguas, publican y celebran en todo tiempo vuestras excelsas virtudes. He aquí, pues, cuatro estrellas consagradas a vuestro ínclito nombre, no pertenecientes a la clase común y menos noble de las fijas, sino al orden ilustre de los planetas; las cuales, con movimiento dispar, alrededor de Júpiter -nobilísimo astro- y como pertenecientes a su misma progenie, siguiendo sus cursos y órbitas con admirable rapidez: mientras que, en concordia unánime, en torno del centro del mundo, esto es, el Sol, cada doce años completan todas una gran revolución. Y hasta el mismo creador de las estrellas parecía inducirme, con claros indicios, a dedicar estos nuevos planetas al ínclito nombre de vuestra alteza antes que a otros. Porque, así como estas estrellas, digna prole de Júpiter, nunca se apartan de su lado más que en mínima distancia, ¿quién habrá de ignorar que la bondad, la mansedumbre, la amabilidad, el esplendor de la sangre real, la majestad en las acciones, la dignidad de la autoridad y del poder sobre los demás, virtudes todas que colocaron su sede y domicilio en vuestra alteza, quien ignorará, digo, que todo ello emana del benignísimo astro de Júpiter, a voluntad de Dios, fuente de todo bien? Júpiter, Júpiter digo, al nacimiento de vuestra alteza, habiendo atravesado los turbios vapores del horizonte, ocupando el centro de los cielos e iluminando con su tienda real el ángulo oriental, observó desde aquel sublime trono vuestro felicísimo parto y esparció por los aires purísimos todo su esplendor y dignidad, a fin de que vuestro tierno cuerpo, junto con vuestra alma, ya embellecido por Dios con los más nobles adornos, aspirara toda aquella fuerza y dignidad a su primer aliento”.

De esta manera no solo dejaba en claro su afición por la astrología, sino que ponía por escrito aquellos conceptos astronómicos por los cuales la historia dice que Galileo tuvo que abjurar a sus principios, afirmando que “el centro del mundo es el Sol” (El concepto de Mundo era mucho más amplio del que aceptamos ahora, siendo este extensivo a la esfera celeste en su totalidad, y nuestro planeta, La Tierra, solo una parte integrante de ese Mundo) en claro cuestionamiento a las ideas sostenidas por la Iglesia de ese entonces, y que tantos padecimientos le causaron a Galileo. Solo se le podría cuestionar lo “edulcorado” de los conceptos que le atribuye a la casa de los Médici en su bien presentado horóscopo, tema fácil de comprender en la medida en que los mismos actuaban como mecenas de las investigaciones y trabajos realizados por Galileo. ¿Qué astrólogo de la actualidad no soñó alguna vez con encontrar a ese mecenas que con sus aportes contribuye a financiar todas sus investigaciones?

“Maginus”

Contemporáneo con Galileo, el italiano Giovanni Antonio Magini (Maginus) - (1555-1617), eximio matemático y geógrafo, se destacó por el inmenso aporte realizado a la cartografía de la época destacándose por lo elaborado y detallado de sus mapas y por la belleza de sus grabados, siendo autor de lo que se considera el primer atlas de Italia.

No solo se destacó por su tarea como matemático y cartógrafo, sino que también destacó como astrónomo y astrólogo, publicando en el año 1582 sus “Ephemerides coelestium motuum” y desarrollando un sistema planetario propio. Convocado por Galileo ocupa la silla de Matemáticas de la Universidad de Bolonia

Increíblemente sus biógrafos no pueden evitar relacionar su trabajo con la temática astrológica, pero intentan minimizar esa pasión con el apelativo interesado en el estudio de las pseudociencias, fue un gran partidario de la astrología, defendiendo su uso en la medicina en su obra De astrológica ratione”.

Los astrólogos no deberíamos desconocer que entre la abundante obra que Maginus legó al colectivo astrológico, se destaca la fórmula con la que actualmente se calcula la posición del ascendente ; la misma a la que cientos de autores de los diferentes sistemas de domificación recurren para obtener esta punto eclíptico y la misma que la mayoría de los programas de cálculo astrológico utilizan para señalar uno de los elementos más importantes de un tema natal.

 

 

Si Maginus pudo desarrollarla con los precarios métodos de su época, bien vale el intento de lograr encontrar con ella su propio Ascendente.