La grafología es una ciencia objetiva, realista y que se apoya en un método, en la experimentación y en la estadística, cumpliendo así la condición ´sine qua non´ para ser considerada científica. Es decir, que la grafología tiene los pies bien apoyados en la tierra, y ninguna de sus deducciones está librada a la intuición, a suposiciones, a factores emocionales, en fin, a nada de aquello que pueda escapar a una consideración objetiva. Por ello utiliza la técnica de la grafometría, o sea la medición, evaluación y diagnóstico de los grafismos que se someten a su análisis.

 

          Pero esta condición científica y comprobable de la grafología, no la inhibe para reconocer los atributos paranormales o que escapan a la consideración de su método. Siendo este terreno muy delicado, la técnica grafológica puede determinar muy claramente el campo propicio para la existencia o el desarrollo de estos fenómenos no habituales. Por ello tiene claramente definida un área de la escritura, y que se clasifica dentro del intelecto, la imaginación, el misticismo, condiciones superiores del ser humano que la diferencian de su campo puramente orgánico o vegetativo, y le dan los atributos de ser superior, pensante y receptivo. Pero justamente aquí, muy fácilmente, pueden confundirse aptitudes comunes con especiales, si no se considera desde el punto de vista del examen grafológico otras condiciones que apuntalen la existencia de un fenómeno parapsicológico o extrasensorial.

          Primero el analista debe analizar la salud mental del analizado a fin de descartar todo aspecto patológico de la mente, que pueda provocar alucinaciones, imaginación desbordante o síndromes paranoicos, que hagan creer al sujeto como poseedor de atributos supranormales.

          Descartado este importante aspecto, nos introducimos en la búsqueda de signos místicos en la posibilidad de que esté viviendo un estado real de santidad y sublimación de la identidad.

          Hemos encontrado en la escritura de santos y santas estos signos, y verdaderos enamoramientos místicos en el caso de las santas, con la imagen preferida de su creencia. Así, por ejemplo, se ha observado en la firma de Santa Teresa de Jesús, la situación afectiva y emocional de esta gran religiosa, que la convierte en una especie de amante  mística de Cristo, ofreciendo a la observación grafológica claros signos gráficos de una relación sublimada, idealizada y a la vez pasional, desprovista de todo aspecto carnal y terrenal.

          Se ha observado también la escritura de personas que dijeron haber asistido a sesiones espiritistas en las cuales escribieron mensajes recibidos en condición de mediums, y según dijeron, dictados a ellos. Comprobada la verdad de ese tipo de asistencia, se observa que sus escritos poseen gran tensión, como realizados bajo una fuerte presión emocional, como si dijéramos que su mano fue manejada y dirigida forzadamente. Estas escrituras presentan además aumento de tamaño, fuerte inclinación y presión gráfica, como indicando la ansiosa necesidad de registrar y luego comunicar lo que se recibía. En su estado normal, estas personas escriben en forma diferente.

          Los escritos y dibujos premonitorios de Solari Parravicini, el gran vidente cuyas premoniciones se han cumplido, ofrecen esas características ya señaladas, aunque sus mensajes premonitorios poseen muchos dibujos que son la mitad del contenido.

          La grafología no puede indicar quien posee condiciones sobrenaturales perceptivas con objetividad, pero si informar sobre el campo propicio para que ellas existan, de la misma manera que puede indicar el nivel de vitalidad y el área orgánica y sus aspectos, y las predisposiciones, pero no la futura enfermedad. No obstante, la escritura es un elemento importante para determinar si las condiciones parapsicológicas responden a una predisposición real y natural y no a una imaginación frondosa.