Nuestra conciencia está definida por los contrastes, como está representado en el conocido símbolo del TAO. 

Simbolizado  por el círculo donde aparece una zona oscura el YIN en cuyo interior aparece un punto blanco, y la zona clara YANG que contiene un punto  oscuro, esto, significa  que aún en  su  estado más puro, cada  polo  contiene  el germen del otro. A  medida que transcurre el factor tiempo  se  produce el cambio o la transformación en un primer nivel de polaridad, es  decir ese punto blanco  o  negro va incrementándose hasta transformar toda su superficie del color del punto.

          Son aspectos opuestos pero complementarios, como la base del Universo. El YANG representa el polo activo-masculino y positivo de la naturaleza, el YIN es el polo pasivo y negativo. Este paradigma de la naturaleza de nuestra consciencia, con estos dos elementos básicos, existen  por virtud  de un contraste simultáneo, y solo juntos pueden formar una totalidad.

          Entre las dos fuerzas primarias  se  produce la acción mutua, este complejo de energía entre ambos polos de manifestación da  como resultado la creación y transmutación de todas las cosas.

          Esta constante mutación de energía es la matriz  de la vida, (es la vida-fuerza de la naturaleza) por  ella toda las cosas son creadas, y todas las cosas son disueltas, que son las fases básicas del ciclo del cambio.

          El TAO revela que nada es inmutable, nada permanece para siempre y para cada cosa hay un tiempo oportuno. Los acontecimientos no sobrevienen en forma arbitraria y caótica sino que siguen el inmutable camino del TAO, según revelan las leyes del cambio. El que no fuerza la consecución de la  buena fortuna y que acepta el inevitable declive, es quien alcanza la verdadera satisfacción. Siguiendo el camino  central del avance progresivo y equilibrado, elude los conflictos se acomoda a los firmes ritmos de la naturaleza. Es un reflejo completo de un orden natural en miniatura.

          Todas las cosas están sujetas a mutación  pero  pueden cambiar de cierta manera y en cierto momento.

          Toda la creación tiene un ritmo marcado, nacimiento-crecimiento-transformación (muerte) o reciclaje.