Retrocediendo muy, muy atrás, en el comienzo de la Creación podemos decir que:  ERASE una vez, la noche de los tiempos, el silencio se enseñoreaba en el espacio, hasta que por fin fue el verbo, y se estremeció el Cosmos y de esa convulsión fue el hombre.

 

          Siglos han pasado desde entonces y el mundo asistió asombrado y reticente a múltiples cambios de culturas, al paso de una civilización a otra, comenzando a cuestionar la rigidez de los dogmas y a no aceptar la ceguera de algunos, entonces, tímidamente, se elevaron las voces y la criatura humana fue tomando conciencia de su grandeza, de su potencialidad y de su derecho a ejercer la LIBERTAD..., y se equivocó más de una vez...  y fueron las guerras devastadoras, las muertes inútiles y la agonía lenta y dolorosa de una humanidad perseguida cruelmente, en nombre de la justicia y la razón, pero volvió a renacer una y mil veces, como el Ave Fénix, de sus propias cenizas, y  se  puso de pie con esfuerzo para no perecer bajo el agobiante peso de la prepotencia, pasaron miles de años, y aún debemos cuidarnos de una represión que, en muchos casos, asoma entre nosotros  disfrazada..

          Así, introduciéndonos en el mundo del Yoga en libertad, podemos observar que es: Una libertad que no avasalla, que no invade espacios ajenos, una libertad bien  entendida, reencontrándonos con nosotros mismos, interiorizándonos y obteniendo a  través de su práctica un equilibrio psicofísico-espiritual. Comprender la serenidad del espíritu.

          Tal vez aquí encontremos respuestas a nuestros interrogantes, el sosiego a nuestras inquietudes o claridad en nuestros  pensamientos. Somos auténticos hacedores de caminos legítimos, artesanos de la vida. En  este Universo que todo se mueve, las horas, los días, los seres humanos, las estrellas, las plantas, hasta las nebulosas están moviéndose. Por eso el movimiento es una necesidad, para todos, con el cuerpo templado por las asanas, siempre  respetando posturas y contraposturas, manejo adecuado de las energías, respiración correcta, la mente abierta y sana, podremos recorrer  este  camino que no siempre es parejo o esparcido  de flores, ni está siempre cubierto de espinas o estorbo con choques violentos, tenemos que prepararnos y movernos de acuerdo a la naturaleza del camino, tal vez allí, yace la esencia misma de la VIDA.

          La transformación desarrolla la  conciencia y recién entonces se inicia realmente el  YOGA, el hombre conciente portador del Ser Esencial se identifica con lo que hace, al comienzo de la práctica todo parece  fragmentado, uno piensa  en mover la cabeza o la mano, en la inhalación o en la exhalación, pero la energía vital es el hilo que une y da vida a la forma.