Por alguna causa, mucho más relacionada con el marketing que con las condiciones y necesidades técnicas de la astrología, las Revoluciones Solares se han impuesto como técnica de pronóstico casi ineludible en el requerimiento constante de los consultantes, y en el beneplácito de los astrólogos que se brindan exultantes a resolver la problemática de aquellos que, año tras año, ponen su destino en manos del retorno anual del Sol, hecho que ineludiblemente ocurre, día más o día menos, para el momento del cumpleaños. Es decir, y hablando técnicamente, para el exacto momento en que el Sol llega al mismo lugar zodiacal que ocupaba en el momento del nacimiento. Fijado ese instante, en espacio y tiempo, construimos la carta de la Revolución Solar (o retorno del Sol) cuyo análisis simbólico nos servirá como guía para el año comprendido entre cumpleaños y cumpleaños.

 

No tienen (en el imaginario popular) la misma demanda por parte de los consultantes las decenas de otras técnicas astrológicas, tanto o más eficaces que la Revolución Solar, pero que no cuentan en su haber con el conocimiento, divulgación, popularidad y requerimiento que las llevaría a imponerse por su propio peso, a actuar en forma combinada junto a las Revoluciones Solares, para lograr mayores precisiones en la obtención de resultados concretos para quienes buscan respuestas en la astrología.

No es en desmedro de la Revolución Solar que hago estas reflexiones, sobre todo teniendo en cuenta que también soy uno más de los que se formaron con el libro de Alexandre Volguine bajo el brazo. Pero si creo que es momento de revalorizar aquellas viejas y tradicionales técnicas que proponen miradas diferentes sobre la prognosis de una carta.

Jean Baptiste Morin de Villefranche, genial astrólogo que entre los Siglos XVI y XVII sentó las bases organizadas de la astrología que hoy cultivamos, afirmaba en su autobiografía astrológica que un buen astrólogo debía “considerar” al momento de hacer un juicio a futuro una combinación de técnicas, todas ellas aplicadas sobre la base del tema natal, a saber: Revolución Solar, Revolución Lunar, Direcciones Primarias, Progresiones Secundarios  y Tránsitos. Todo esto sin perder de vista las posiciones de las estrellas fijas más importantes, los eclipses y las lunaciones.

Algunos podrán aducir que se trataba de una verdadera exageración por parte de este astrólogo francés, producto de una azarosa vida que lo llevó a caer en los excesos del alcohol y de la lujuria; pero lo cierto es que es a él a quien  el Cardenal Richelieu "introduce a hurtadillas en la alcoba de la reina para asistir escondido al parto de quién sería luego el Rey Sol: Luis XIV”, para determinar con su saber, el exacto momento de su nacimiento, en tiempos en que la tecnología no asistía a esta disciplina, calculando con exactitud su mapa natal y todas las técnicas que él consideraba necesarias para emitir un exacto pronóstico. Pero también es una exageración (obviamente en sentido contrario) confiar todas nuestras apreciaciones solo en lo que vemos en una Revolución Solar.

Una combinación sensata, y practicada por muchos astrólogos que continuaron con la línea de Morín, aún en la actualidad, consideran que la Revolución Solar aporta el contexto del año, pero que se obtiene mayor precisión y detalle si aplicamos también los tránsitos planetarios y alguna de las técnicas de direcciones planetarias existentes, sin dejar de lado algunas estrellas fijas, eclipses y sicigias.

Se trata de integrar conceptos, lo que nos daría algo más de laboriosidad en la construcción de nuestras herramientas, pero una mejor capacidad de apreciación sobre los significados de la Carta Natal