Por Néstor Echarte

Los astrólogos, luego de haberse formado como tales a través de una intensa capacitación, como en muchas otras actividades, completan su ciclo de profesionalización a través de la práctica cotidiana en la atención de consultas y/o en la transmisión de ese conocimiento a otras personas.

Lamentablemente la astrología no cuenta, como en otros rubros, de hospitales, instituciones o lugares habilitados para la práctica de la profesión, mientras se realiza ese proceso de formación, o en forma inmediatamente posterior, a la manera de residencias o entrenamientos en las que los futuros profesionales comienzan a poner en práctica los conocimientos adquiridos.

Solo la iniciativa de muchos astrólogos que desde sus institutos de formación, incorporan algún tipo de práctica interpretativa, adicional a la regularidad de sus cursos, constituye una manera de animar a sus alumnos a desarrollar prácticas que los conduzcan hacia la profesionalización.

Sumado a esto las propias inseguridades de quien estudia astrología, el combo cierra perfectamente como para producir en el tiempo una innumerable cantidad de lo que muchos denominan "eternos estudiantes", es decir, personas que han logrado una importante capacitación pero que al no acceder a la práctica cotidiana sienten que "no saben", cuando en realidad no es exactamente así.

Lo cierto es que si, saben, y en algunos casos saben mucho. Tienen un enorme conocimiento, casi enciclopédico, pero que nunca se han animado a poner en práctica.

Son muchos los motivos que confluyen para que esto sea así. Inseguridades personales y el temor a equivocarse se constituyen en dos de los más importantes motivos, que les impiden traspasar esa barrera que los separa de la profesionalización, práctica que ven como si estuviesen contemplando una vidriera. Y mientras tanto, se pregunta una y otra vez, ¿cuando les llegará ese famoso click, del que todos hablan, que promete un acceso al conocimiento total, y una comprensión sin igual de la mecánica que acompaña a la buena interpretación y a la obtención de juicios acertados?.

Hay astrólogos que luego de haber hecho un curso y leido un par de libros, arriesgan, y pese a todo diagnóstico en contrario desarrollan bastante bien su profesión.

Otros, que se han formado profundamente, han hecho y repetido hasta el cansancio los mismos cursos y seminarios, leido bibliotecas enteras, hurgado en las tradiciones e investigado a través de la lectura de cuanto tratado exótico llegara a sus manos, no se siente astrólogos pues no han puesto en práctica todo ese enorme bagaje de conocimiento acumulado.

Ni uno, ni otro extremo son buenos para la práctica. La poca formación no garantiza una buena atención, ya que muchas veces el desconocimiento de técnicas básicas pero fundamentales puede dar lugar a la improvisación, y esto se ve muchas veces reflejado, en aquellos que sin respetar el enorme cuerpo de conocimiento que brinda la tradición astrológica se convierten en elaboradores de teorías, muchas veces descabelladas y totalmente nocivas para lo que es la verdadera doctrina astrológica. Algunas veces he escuchado decir "yo no necesito leer ningún libro más....", pedante y absurdo pensamiento, sobre todo para una disciplina en la que no se termina nunca de aprender.

Como buen libriano, tengo la tentación de preguntarle ¿cuál es entonces, el justo equilibrio... si es que lo hay?

Para todos tengo una buena noticia: ese click en algún momento llega, obviamente sin tantas exageraciones como en el momento de hacernos este cuestionamiento.

Un día se te hace el click.  Pero no hay que apurarlo. Se debe saber esperar. A veces el click no llega, se demora, es esquivo, no aparece. Se resiste a manifestarse con la claridad con que uno lo espera. Y uno comienza a preguntarse ¿como es el click? ¿que se siente? ¿como se manifiesta?

Para que llegue, se debe comenzar a trabajar en la consulta cotidiana. Lamentablemente nunca llega antes. La práctica cotidiana, nos va aflojando, nos va dando confianza, certeza y seguridad. Saber por donde debemos transitar en el momento de encarar una interpretación, y asi, a veces tardando un poco más, otras veces algo más rápido, ese click llega. Pero sin alardes ni estridencias. Llega casi sin presentación, y un día uno se da cuenta que entró en la mecánica interpretativa, que los miedos se fueron, y que la confianza (factor fundamental en la práctica cotidiana) se ha instalado definitivamente en la vida del astrólogo, manifestándose uno de los elementos más importantes: la intuición.

Sin confianza no hay intuición. Con temor, no hay intuición, y esto llega solo en la medida en que la práctica diaria, comienza a derribar las fronteras construidas por temores y falsas creencias en relación a la práctica de la astrología. Ese es el click, y siempre, tarde o temprano se hace presente.

El terror de estar hablando ante el rostro inmutable del consultante que nos pone a prueba, y se esfuerza en no mover una ceja para no dar datos de su persona, un día desaparece.

Llega un momento, en que los planetas dejan de ser planetas, dejan de ser dioses, y se convierten en personajes de nuestra vida real, en donde el lenguaje cotidiano define mi vínculo con la astrología.

¿Acaso somos infalibles? ¿nuestra sabiduría llegó a su máxima expresión?

No mi amigo... ese es el click.